Do-Lor

A mi no me engañas.
No dijiste nada.
Quizás algo, sí, algo del todo. Pero nada al fin.
No sé qué sentir al respecto, dejando el egoísmo de lado. Porque sí, me sentí embaucada,
que mentiste descaradamente, o mejor decirlo de este modo; no fuiste para nada honesta.
Sé que no querías hacerlo. Ni decirlo. Simplemente guardas.
Como el sol que se apagó, que volteó a su centro y de a poco podemos pensar que se apagará.

O que explotará.

Yo no sé, de verdad quisiera ayudarte. Pero creo que no soy ni estoy en la posición más indicada. 
No quiero mentir porque sí lo hice durante mucho tiempo. Peor que la mentira que parece mucho a la verdad. 
La verdad que uno se oculta y duele. La mentira que sonríe y asiente.
Yo sí me siento desgraciada. Idiota. Basureada. He dejado que así sea. Y no te corresponde tomar parte de nada más que  tu vida misma. Y lo entiendo.

Es un extremo del que no puedo aferrarme. Y entre nos, volvemos al animalismo. Aquí cada uno ve cómo se puede sobrevivir.