A tus lagrimas niña,
al ardiente pesar que hiere tus entrañas sin razon.
Y me siento tan inutil, que resbalan las palabras a tu boca,
que haces sorda la justicia que me grita el corazon,
porque eres ciega a la tierna incertidumbre que mi silencio
otorga en la piedad.
Niña mia, hija del sol que llama a nuestra puerta
dulce del alma que el cielo te regala,
niña mia,
que bruto aquel que te haga sangrar por tu inocencia y tu resguardo tan querido
por el simple miedo al decir que no,
por tantos años de vivir un polo ardiente
que necesita la fuerza de vivir el amor y la paz.
Hija del amargo tiempo y las pizarras,
de recorrer por las calles rosadas anaranjadas,
por cubrir de ilusiones y leyendas para sobrevivir
Niña mia... hasta donde estas dispuesta a seguir, de publicar
el pecho y tus heridas,
para encontrar en la locura la seguridad...
Niña mia.
